Una escultora de telarañas

“He encontrado el amor”-me dije a mí misma, convencida de que el hombre correcto había llegado a mi vida. Éramos jóvenes y creíamos que seriamos capaces de renunciar a nuestros sueños personales, pero estábamos equivocados. El dolor era intolerable y sentía el amor nunca más volvería a mí, así que me pregunte a mí misma: ¿En verdad me conozco? ¿Quién soy y por qué estoy aquí?

Julio, un mes lleno de recuerdos y tristezas irreversibles, un mes lleno de dilemas personales, un mes en el cual era imperativo el cambio. Ese julio decidí escapar de las pesadillas constantes de mi mente y encontrarme a mí misma. Ese día decidí no regresar a mi ciudad hasta que descubriera mi objetivo en esta tierra, el universo me había  otorgado un cuerpo que manejar en este plano astral y debía descubrir mi propósito aquí. Tome mis prendas más básicas, mis cristales y mis libros, y cuando menos lo esperaba ya iba en  camino a Oaxaca. Oaxaca, mi amada Oaxaca, tierra de amor y espiritualidad, la tierra que me había ensenado en el pasado el verdadero significado de la libertad.

La llegada a la montaña fue un momento considerablemente surrealista, un momento en el cual sentí como si entrara a otra dimensión, como si el universo me diera la oportunidad de vivir una experiencia única. La gente en la montaña me recibió con los brazos abiertos y me incluyeron en su comunidad como si me hubieran conocido de muchas vidas atrás. A partir de ese momento me puse mis zapatos más cómodos y salí a explorar, salí a encontrar mi propia paz.

La primera parada en mi búsqueda espiritual fue participar en un temascal. El temazcal es una ceremonia tradicional en donde las personas se adentran en un tipo de sauna natural calentado con piedras calientes y cubierto con cobijas. En el temascal cantamos a nuestra madre tierra y dedicamos nuestra práctica a los cuatro elementos. Al principio del temascal sentía como si me fuera a desvanecer, como si ya no me fuera posible continuar, pero no era así, mi mente y mi espíritu eran más fuertes que el calor insoportable de ese lugar sagrado.

La cuarta puerta del temascal se abrió y con ella también mi corazón. Sentí el verdadero significado del temascal, el lugar representaba el vientre de la madre y la apertura de la última puerta fue mi nacimiento. En ese momento nací otra vez, esta vez fue de mi madre tierra, me convertí en una con la naturaleza y sentí una inminente conexión con cada uno de los seres vivos que habitan esta tierra. Al salir del temazcal mi primera vista fueron las hermosas montañas de la Sierra Madre del Sur. La vista era majestuosa y las personas que habían estado conmigo en el temazcal me abrazaban como si fuéramos una familia, éramos personas de todo el mundo y aunque nuestras nacionalidades eran diferentes, nuestro amor y conexión cruzó fronteras.

En los días siguientes al temascal continúe explorando y leyendo y aunque cada día me sentía más en paz, aún no estaba segura de mi propósito en esta tierra. Aún no sabía que un simple animal me ayudaría a entender mi rol en este mundo. Un día desperté y algo dentro de mí sabía que ese sería el día en el cual mi conciencia alcanzaría otros horizontes. Empecé a explorar y era un día hermoso, los pájaros cantaban, había flores por doquier, pero yo solo podía concentrarme en una sola cosa, telarañas.

¿Telarañas? ¿Por qué tantas telarañas? Seguí caminando y seguía encontrado arañas en mi camino. Mi mente quería ignorar que la madre tierra me quería dar un consejo, mi mente incrédula veía todo como una exageración y me creía loca al pensar que un animal tan marginado me pudiera enseñar una lección. Finalmente cedí y decidí parar a observar una telaraña en particular y al fin entendí, conexión. Cada telaraña es una obra de arte, y cada araña es un escultor. Me vi a mí misma como una araña, llena de poder, determinación y capaz de construir obras de arte con mis propias manos.

La telaraña representaba conexión universal, una conexión no solo entre humanos, si no entre todos los seres vivos que habitan en esta tierra. Cada telaraña es única y perfecta, llena de conexiones y diseños. Si yo era una araña, ¿Entonces qué es lo que debo construir? ¿A quién debo conectar? Y luego entendí. Mi trabajo actual como maestra de cuarto grado me permitía construir telarañas todos los días. La mayoría de mis alumnos viven bajo situaciones críticas, muchos con padres en la cárcel y rodeados de violencia y drogas, para algunos de ellos yo soy el único apoyo en su vida. Mi deber con ellos es conectarlos unos con otros, construir una telaraña donde puedan expresarse, conectarse unos con otros, pero sobre todo tener un apoyo incondicional.

Mi meta en la vida se tornó clara, estoy aquí para conectar a personas, para ayudarlos y guiarlos. Es mi deber ayudar a las personas que me necesitan, en especial niños. En ese momento todo desvaneció, ya no había más dolor de un rompimiento amoroso, ya no había odio ni resentimiento. Mi corazón se llenó de paz y amor, me encontraba en lo más alto de la montaña y aunque estaba sola, nunca me había sentido más acompañada.

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