Naila y sus frutas

Naila era una mujer incompleta, una mujer llena de dudas y curiosidad. Frente a todos ella se mostraba como alguien completa y segura, pero por dentro había una constante pregunta: ¿Encontraría a su pareja correcta y sería esa persona sólo una? ¿Quién había decidido eso? ¿Qué era lo que la gente tanto deseaba de una media naranja o de una alma gemela? Ella quería una naranja completa pero también deseaba probar otras frutas. ¡Qué va! Naila era omnívora, y no tenía miedo a probar.El amor había sido algo constante en su vida, desde que tenía memoria había entrado a los lugares pensando en quien podría ser su próximo novio o pensando en un posible encuentro amoroso. Naila había estado deseosa de amor durante su vida y aunque rara vez había estado sin compañía siempre se había sentido sola. Ella era una mujer atada a sus emociones y atada a sus hombres. Siempre se había sentido atada a una emoción, pero siempre pensó que esa era la manera de vivir. Esta corta historia cuenta el inicio de la relación que cambió la vida de Naila para siempre, una relación que le enseñó que el amor no es posesivo, el amor se puede compartir y que el amor más primordial es el amor propio.

Naila había terminado una relación bastante seria hace poco tiempo y aunque aún no se sentía lista para amar otra vez decidió salir a aventurarse, conocer a una persona nueva y asombrarse por las características de esa persona. La mayor cualidad de Naila era la curiosidad y siempre estaba en búsqueda de más aventuras y más personalidades que descifrar. Cada relación era un experimento para ella, le gustaba analizar el amor y los celos, la obsesionaba la fascinación de las personas por controlar y adueñarse de otros. Ella no había sido capaz de ser fiel, ella amaba las personas y quería apoyarlos, pero no podía entender el concepto de sólo conocer y amar a una persona. Naila quería compartir su amor con más personas y no lo veía como un engaño, si no como un complemento. El problema siempre había sido que sus parejas no la entendían, la consideraban loca e irracional.

Ella estaba en búsqueda de un amor diferente esta vez, un amor que le diera felicidad pero también un amor que le proveerá con libertad y pasión. Ella era una mujer independiente y aventurera, así que ella buscaba una relación donde el hombre le diera seguridad pero también le permitiera ser libre. Naila había tenido un gran número de relaciones con personas del extranjero, así que ella no tenía ni idea de quien sería su próxima conquista. Ella sólo tenía una cosa en claro, ella quería una persona que hablara español. Naila quería un hispanohablante porque quería poder ser ella 100% y solo se sentía 100% Naila cuando hablaba en español, en especial cuando se trataba del amor.

Naila salió a su bar favorito, era un bar de jazz, un pequeño lugar donde se sentía un ambiente familiar y acogedor. Naila estaba enamorada de la vida, y por consiguiente también de la música. La música la transportaba a lugares inimaginables, llenos de aventura y paz. Ella era completamente feliz en este lugar porque la gente del lugar la quería, la trataban bien y porque siempre podía olvidarse de sus problemas cuando estaba ahí. Todo parecía normal esa noche, Naila había llegado sola al lugar y estaba atenta a la música, nunca se imaginó que algo inusual estaba por sucederle. La música mejoraba y con ella el humor de Naila, ella estaba hipnotizada con la música, hasta que sintió el roce de una mano en su hombro. Naila volteó extrañada y ahí estaba él. Él era un hombre atractivo y diferente, un hombre que la ponía nerviosa, le hacía sudar las manos y eso le encantaba. Naila estaba interesada en él y quería descifrar quien era él en realidad.

Ese primer día la conversación duró horas, los dos se gustaban y compartían muchos intereses. Naila amaba la música y él era un músico, la emocionaba el solo pensar en la pasión que él tenia por la música, verlo tocar y tocar su espalda mientras él creaba música y la envolvía en su magia. Los dos decidieron volverse a ver y Naila ya imaginaba toda una historia amorosa en su cabeza, pensaba en el futuro y en todo lo que podría compartir con esta persona.

El día de la segunda cita llegó y Naila estaba más emocionada que nunca. Se preparó y llego al lugar, él ya estaba sentado y la esperaba con una sonrisa un poco traviesa. Naila quería saber más de él, quería conocerlo y sobre todo conectar con él, pero él tenía algo mucho más importante que hacer…

“Tengo que confesarte algo”- dijo él. Naila estaba intrigada e inmediatamente quiso escuchar. “Soy casado”- dijo el músico mientras se frotaba las manos. ¿Te gustaría gritarle, verdad? ¿Quién se cree y por qué le falta el respeto a ella? Bueno, la cosa es que Naila era diferente, ella quería saber más. Ella no estaba molesta, sólo estaba intrigada. Él empezó a explicar todo sobre los acuerdos en su matrimonio y sobre la relación abierta que llevaban. Naila no se negó a volver a verlo y hasta pidió conocer a la mujer. Ella quería saber quién era esta otra persona y obviamente también tenía curiosidad de su físico y sus habilidades. Naila siempre había sido celosa y competitiva, así que aunque fingiera que no le importaba muy por dentro ella quería ser la mejor.

Y ahí estaban los tres, era una tarde cualquiera en la casa de Naila, la casa olía a incienso y a aceites, había preparado el lugar para ellos, se sentía en la tercera cita. Los tres estaban incomodos al principio, se hablaba poco, y de repente todo empezó a fluir. Naila no podía dejar de ver a su mujer, le encantaba su manera de ser, pero sobre todo su autoestima. La esposa era creativa, hermosa y segura de sí misma. Por primera vez en su vida, Naila dejó de pensar en competencia y en celos y vio esa oportunidad como una oportunidad para crecer y amar.

Naila se convirtió en buena amiga de la mujer y aprendió a compartir, empezó a conectar con ella, a entenderla y a estudiarla. Naila estaba intrigada por una mujer por primera vez, no era sólo de manera romántica pero había una admiración muy grande. Ella no estaba enamorada de ninguno de los dos todavía,  pero se sentía protegida y acompañada con ellos. Su nueva pareja hablaba español y ella podía ser 100% Naila todo el tiempo. Naila estaba enamorada de la relación de ellos, de su confianza, su comprensión y su honestidad. Ellos empezaban a actuar como guías con ella, sin siquiera darse cuenta. Naila soñaba con casarse algún día, pero ese día se veía bastante lejano.

Esto es sólo el comienzo de la vida amorosa de Naila, aún continúa viendo a su pareja de enamorados y cada vez desea descubrir más. Naila entendió que el amor no es una competencia y que la vida da muchas vueltas. Extrañamente ella dejó de competir con otros, ella ya sólo tenía una persona con quien competir, la competidora más temida por ella, y el nombre de la competidora era Naila.

Naila también sabía que para poder entender algo bien ella siempre debía intentarlo, y ella no tenía miedo de intentar y fallar…

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